Derecha implacable

Lo primero que me acuerdo es llegar al colegio, sentarme al lado de Macarena y decirle, preocupada, que debería haber pasado por el sanatorio a verla a mamá. Presentía que en una de esas, uno de estos días, se podía morir. Perdón, antes de eso, me acuerdo de ir caminando al colegio y ver una mancha de algo en la camisa del uniforme y enojarme, porque si la veía mamá me iba a decir que no podía ir por la vida así roñosa. Ella decía roñosa y arrastraba la ñ y la r. Hablaba gracioso mamá.
Creo que cuando terminé de pensar eso me di cuenta que en lugar de mamá había un hueco. ¿Premonición?
Te decía, llegué al colegio y Macarena me preguntó si había hecho la tarea para dibujo. Le dije que no. En mi casa con la cama ortopédica y tantas tías pululando, de pedo encontrabas el baño vacío, ni hablar de los materiales del colegio. Le dije que no se preocupara, que alguna excusa iba a encontrar.
Creo que terminé de decir eso y la vi a Ana Delucci, que era la rectora, entrar a la clase y mirarme a mi mientras hablaba con Teresa.
Ahí supe. Te juro que ahí se detuvo mi corazón. Me levante y la acompañé.
Ni bien salí al hall la vi a Monse, mi hermana, abrazada a Rosario y llorando. Pero de llanto con fuerza. En seguida Macarena que me abrazaba. Nunca nadie pronunció las palabras. Nunca nadie dijo lo que no se podía abarcar.
En una nube de algo, y sin derramar una lágrima, me fui al sanatorio. A dos cuadras del colegio. Creo que Ana y Macarena me acompañaron.
Quise ir al cuarto donde estaba pero no me dejaron. Me quedé sentadita en un silloncito de uno, de esos marrones y cuerina, muy de hospital y de los ochentas. Al ratito la vi salir a Monse con los anillos de Mamá en la mano. Me enojé con Monse. Yo quería un anillo de mamá. En eso se abre la puerta y entra Juan, mi hermano mas grande. Y lo vi llorando. Eso no era llorar, eso era purgar la vida, o mejor la muerte, por los ojos. Ahí se me cerró el pecho. En mi vida había visto llorar a Juan. En casa los varones no lloraban. Y los varones eran mas machos cuantas mas piñas colocaban. Pensando esa lógica, mi padre debe haber tenido que demostrar mucha hombría. Sobre todo con mi cara.
Una nube y de vuelta a casa. Al velorio y mi cuarto tomado por chicas que iban conmigo al colegio y creo recordar una charla sobre mi pequeño pony. Salí de ahí, me intoxicaban. En el pasillo vi a Matilde, mi maestra de quinto grado y hasta una especie de alegría, como de ganas de ir a contarle a mamá quien había venido. Ahí me di cuenta que mamá se había muerto. Creo que salí corriendo. Creo que Macarena me corrió y me alcanzó en el zoológico. Es que en esa época todavía se entraba gratis y era nuestro refugio con Macarena. Al lado de la jaula del cóndor. Ahí nos sentamos y llore. Llore por horas hasta que se hizo de noche. Creo que Macarena salió a usar un teléfono público para avisar que yo estaba con ella. O en una de esas nadie se dio cuenta que me fui. Quien sabe…
Después en mi memoria viene otra nube. El entierro y mucha gente. Pero mucha gente y creo haber pensado: ¿quienes son todos estos? ¿Cómo, si este es el entierro de mamá, yo no conozco a nadie?. Después el gestito de tirarle tierra y el pánico de caerme a la fosa. Me acuerdo el cajón, mirá. Te lo podría dibujar a la perfección. Muchas flores. Mucha gente llorando. Yo consolando a todos. Eso me acuerdo. Que les decía que vamos, ánimo.
Me acuerdo que empecé a rotar por las casas de mis tías. Me acuerdo que me indispuse por primera vez y que pensé que me moría por entre las piernas. Fabiana, mi prima, me explicó que no. Que eso era “hacerme señorita”. Se usaba mucho esa expresión. Me acuerdo que me puso un kilo de algodón entre las piernas y me llevó a comprarme ropa.
Después me acuerdo otro día, que íbamos en auto con otra tía o prima, quien sabe y le dije frená. Me quiero ir al colegio.
Me hicieron caso che.
Me pusieron el uniforme y me dejaron en la puerta. Me acuerdo el murmullo cuando iba caminando. Y me acuerdo que a la tarde, en inglés, en un recreo. Una de las chicas dijo algo como: porque mi mamá dice que la zanahoria es buena. Y Consuelo que la codea y le dice, tarada! No digas mamá, no ves que se le murió?? Y yo tan con los ojos de sorpresa y de que hago con esto, de vuelta salí corriendo y llorando.
Me acuerdo tres días en la cama. Y escucharla a Monse llorando en su cama y llorando yo. Sin ni siquiera poder abrazarnos.
Después me acuerdo que un día el llanto por fuera paró.
Pero parece que por adentro todavía no, che.
Parece que por adentro todavía duele.

posted by Libelula de Acero @ 22:46,

2 Comments:

At 14 de mayo de 2008, 7:04, Blogger Juan said...

Acá iba a poner PRI.
Pero algunas cuestiones de la vida hacen que me sienta tu hermanito y me ponga triste y contento a la vez, o algo así.

 
At 23 de septiembre de 2008, 13:32, Blogger Sol said...

un poco tarde mi comentario, quizas nunca lo veas, pero aun asi, toda muerte tiene un desgarro adentro adentro que es imposible de sanar. Experiencia propia vio'

 

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